A ponerle freno a la obesidad infantil

Lunes, 27 Septiembre 2021 15:09 Escrito por 

El pasado mes de agosto el presidente de Colombia sancionó la Ley 2120, más conocida como la “ley de comida chatarra”, una herramienta que busca “adoptar medidas efectivas que promuevan entornos alimentarios saludables, garantizando el derecho fundamental a la salud, especialmente de las niñas, niños y adolescentes, con el fin de prevenir la aparición de Enfermedades No Transmisibles, mediante el acceso a información clara, veraz, oportuna, visible, idónea y suficiente, sobre los componentes de los alimentos a efectos de fomentar hábitos alimentarios saludables”.

Una de las principales novedades de esta Ley es la del etiquetado frontal de advertencia, que en palabras sencillas lo que busca es que, las empresas productoras de alimentos y bebidas ultraprocesados, tengan en sus productos una etiqueta visible en la que se advierta de manera clara, si estos exceden sus contenidos de azúcares, sodio o grasas. Este es un punto importante ya que este tipo de alimentos son consumidos generalmente por niños.

Precisamente, la aprobación de esta Ley ha puesto sobre la mesa un tema preocupante y que se ha convertido, según la Organización Mundial de la Salud, OMS, en una epidemia que afecta en mayor medida a los países de ingresos bajos y medios como Colombia: la obesidad infantil.

“La obesidad puede afectar la salud de los niños, el nivel educativo que pueden alcanzar y su calidad de vida. Los niños con obesidad tienen muchas probabilidades de seguir siendo obesos en la edad adulta y corren el riesgo de sufrir enfermedades crónicas”, apunta el organismo.

Específicamente la obesidad infantil se relaciona directamente con el aumento en las tasas de mortalidad (hasta 30% en la vida adulta) y la disminución en la expectativa de vida en 5 a 10 años. Esto se explica por qué predispone directamente a enfermedades como diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardio y cerebrovasculares, hipertrigliceridemia, hipercolesterolemia, hígado graso, alteraciones gastrointestinales, renales, ortopédicas, respiratorias, psiquiátricas e inclusive cáncer.

Pese a esta preocupante realidad, entre los padres se hace complejo identificar cuándo sus hijos están padeciendo sobrepeso u obesidad, pues, aunque a veces parece evidente, en algunos casos no se tiene claridad acerca de los criterios para diagnosticarla o se considera que el compromiso en el peso es menor.

“La obesidad infantil es una enfermedad metabólica compleja de origen multifactorial que se produce por aumento de peso a expensas de la grasa corporal. En la gran mayoría de los casos se debe a un desequilibrio entre las calorías ingeridas y las calorías gastadas”, explica Nora Alejandra Zuluaga Espinosa, médica pediatra endocrinóloga y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia.

La doctora expone que, en términos generales, para el diagnóstico de sobrepeso y obesidad se utiliza el cálculo del índice de masa corporal, o IMC, en el que se evalúa cómo está el peso con respecto a la estatura. No obstante, en el caso de los niños no hay valores únicos de IMC para definir límites de sobrepeso y obesidad como en los adultos, ya que varían según el sexo y la edad. “para los niños existen curvas de referencia, similares a las curvas de crecimiento de estatura, en las que se grafica el resultado del IMC. Estas tienen unas líneas que definen los límites por encima de los cuales hay sobrepeso y obesidad. Si el IMC tiene entre +1 y + 2 desviaciones estándar, el diagnóstico es de sobrepeso y si tiene por encima de + 2 desviaciones estándar el diagnóstico es de obesidad”.

Aunque esto parece complejo, hoy existen diferentes estrategias para que los padres de familia evalúen a sus hijos mientras pueden tener atención médica. Teniendo los datos de peso y la talla, se pueden hacer los cálculos para definir el IMC y con este, haciendo uso de aplicaciones disponibles para cualquier teléfono móvil, se puede saber si supera los puntos de corte estadísticos de sobrepeso u obesidad.

Pero, además del diagnóstico, la profesional expresa que es importante conocer los factores de riesgo que pueden llevar a que un niño, niña o adolescente desarrolle obesidad de tal manera que se hagan los máximos esfuerzos para prevenir su aparición.

 

 

 

 

 

 

    

 

  • La alimentación no saludable y el sedentarismo son los más importantes, pero también existen otros factores que pueden ser determinantes si no se les presta la suficiente atención. Zuluaga Espinosa señala algunos de ellos:

  • Peso al nacer: tanto el alto como el bajo peso al nacer son situaciones que lleva a cambios en la expresión de los genes que regulan el metabolismo.
  • Antecedente de condiciones maternas como sobrepeso u obesidad en la madre antes de la gestación, ganancia muy acelerada de peso en el embarazo y enfermedades maternas (como diabetes gestacional y preeclampsia), que llevan a cambios en la expresión de los genes que regulan el metabolismo del feto.
  • Ausencia de lactancia materna, pues la leche materna tiene múltiples componentes que favorecen un adecuado metabolismo a largo plazo. Reemplazar la leche materna por leche de fórmula conlleva a cambios en la ganancia del tejido adiposo y de sus interacciones metabólicas.
  • Uso inapropiado de antibióticos que genera un desajuste muy peligroso en la flora intestinal protectora y consecuencias en el metabolismo.
  • Uso inapropiado de suplementos nutricionales, lo cual genera un rebote de peso a temprana edad, que predispone directamente a obesidad.
  • Uso de ciertos medicamentos como los esteroides, los anticonvulsivantes, los psicotrópicos, entre otros.
  • Predisposición genética dada por el efecto sumatorio de múltiples genes que, aunados a un ambiente con alimentación no saludable y sedentarismo, pueden llevar a que se dispare el fenómeno de la obesidad.

    A pesar de estos factores de riesgo ya bien conocidos, los que realmente más predisponen y disparan la obesidad junto con sus complicaciones son la alimentación no saludable y el sedentarismo.

    En los últimos años se ha visto un incremento alarmante en el consumo de alimentos ultraprocesados con alto contenido de azucares añadidos, grasas, sodio y otros componentes que llevan a un mayor riesgo de aumento de obesidad, diabetes, hígado graso, enfermedades cardiovasculares, cáncer y otras condiciones, que precisamente ocupan los primeros lugares en las causas de morbimortalidad a nivel mundial.

    Por todo esto es que estrategias como la “Ley de comida chatarra” cobran importancia, pues permiten que los niños y sus entornos familiares sean más conscientes del tipo de alimentación que están teniendo y puedan implementar los cambios necesarios para tener una alimentación mucho más saludable. Con la obligatoriedad del etiquetado frontal la personas podrán tener la información para saber si un producto puede ser alto en aspectos como sodio, azúcares, grasas trans, de tal manera que podrán decidir si comprarlo o no, sin necesidad de ser expertos en nutrición y sin cálculos para entender la información que corresponde a la etiqueta. Este pequeño pero importante cambio, podría ayudar a prevenir la precipitación de los factores de riesgo antes mencionados.

    Esta importante estrategia hace parte de las recomendaciones principales para prevenir y controlar la obesidad infantil, las cuales incluyen:

  • Suspender el consumo de bebidas azucaradas

  • Aumentar el consumo de agua

  • Preferir el consumo de fruta entera (en vez de jugo)

  • Aumentar el consumo de verduras y frutas (Cinco momentos de verdura y fruta al día: 2 ensaladas y 3 frutas)

  • Evitar el consumo de alimentos ultraprocesados y comidas rápidas.

  • Aumentar la actividad física con meta de alcanzar actividad física moderada a vigorosa 1 hora/día.

  • Reducir el tiempo frente a pantallas (< 2 horas/día) (tiempo no académico).

  • Mejorar patrón de sueño (temprano y suficiente).

    La obesidad y el sobrepeso requieren un abordaje integral, que compromete a los pacientes, a sus familias y a todos como sociedad, pues la construcción de hábitos saludables en los diferentes espacios en los que se desarrollan cada una de las etapas de crecimiento, es el primer paso en la búsqueda de estilos de vida con salud y bienestar.

 

 

 

 

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